La campaña de presión contra los paraísos fiscales iniciada por las potencias agrupadas en el G-20 y que ha recibido el respaldo de la OCDE ha logrado que Suiza, símbolo de esta práctica y que ha construido un imperio bancario a través de su política de confidencialidad instaurada en 1934, y Austria flexibilicen su secreto bancario. Hace unas semanas el banco más importante del país, UBS, ya hizo algo parecido ante las presiones de EE UU para que le diese datos de los clientes que habían evadido impuestos a través de sus cuentas.
El Consejo Federal helvético ha decidido hoy aumentar el intercambio de informaciones sobre el secreto bancario conforme a las reglas en materia fiscal de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. El Gobierno ha asegurado que simplificará los procesos en "en determinados casos" de sospechas "demostradas y concretas". Asimismo, ha adelantado que está dispuesto a revisar los acuerdos de doble imposición.
No obstante, el Gobierno suizo ha querido dejar muy claro que el secreto bancario continúa existiendo, y que la adaptación a los estándares de la OCDE en materia administrativa no modifica las reglas para los contribuyentes domiciliados en Suiza.



















