Sinceramente no sé por dónde empezar porque la peli es inasible hasta unos extremos que ni los de las divagaciones de Primer. Aronofsky se monta un epopeya a la que sólo le faltan entes parlantes para ser el trasunto milenarista de El paraíso perdido. La película cuenta tres relatos, el presente y llamémoslo "real" de un científico en su lucha por encontrar una cura contra el cáncer que sufre su esposa, y otros dos básicamente ficticio-metafísico-legendarios, uno en el pasado siguiendo las aventuras de un Ponce de León redivivo que busca el Árbol de la Vida y otro en el futuro que sigue a la proyección de ambos personajes, un cosmonauta que viaja con el árbol en cuestión que, irónicamente, se encuentra a punto de morir. Cualquier cosa que diga más sería poca cosa. De hecho, argumentalmente la película tampoco cuenta nada más allá de la resolución de las historias. A partir de estas tres narraciones, Aronofsky crea ni más ni menos que una película cuyo tema es la Eternidad. Tal cual, con mayúsculas y en la infinidad de ramificaciones que tal concepto tiene. Por ese mismo motivo, la película tiene momentos en los que vuela altísimo y otros momentos en los que se mete unos hostiones impresiones. El tema es tan inabarcable y las formas en las que Aronofsky se aproxima son tan sucintas y metafísicas que la película se mueve en unos planos que, como poco, hacen difícil cualquier análisis. La historia, si uno se deja llevar, es preciosa, todo hay que decirlo pero, desde luego, es de todo menos asequible al espectador pasivo.
Dejando a un lado lo intangible vamos a los lugares comunes que consigan aproximar mínimamente esto al resto del Cine. Para empezar la película es un prodigio técnico -debe ser de las pocas pelis que tiene más escultores que sonidistas y eléctricos juntos
En cuanto al reparto hay que decir que está sorprendentemente bien para el poco juego que, extraño dado el pasado de Aronofsky, les da el guión. Rachel Weisz, como musa y prometida del director, se convierte en objeto de fascinación para el espectador y su mera presencia da lajustificación necesaria a su personaje. Por su parte, Hugh Jackman carga sobre sus espaldas todo el peso de la película que no debe ser precisamente cómodo y sale bien parado, es más, tiene escenas de una gran fuerza totalmente en soledad -y que muy probablemente se rodaran exclusivamente sobre el fondo verde de turno- que no creo que muchos hubieran podido sacar adelante.
Sea como sea, The fountain, un proyecto inabarcable de esos que supondrían un torpedo directamente a la línea de flotación en la carrera de muchos directores, confirma a Aronofsky como un genio cinematográfico, con todos los vicios y virtudes que ello representa, y un tipo con una de las visiones más diferentes sobre esto del Cine que hay en el gremio. Por otro lado, también confirma el gran número de rencorosos frustrados que proliferan entre los críticos, muchos de los cuales aprovechan para censurar tanto Pi como Requiem por un sueño -de "continuadora de su amarillismo" la tachaba Jordi Costa en El País- cuando en su momento eran todo elogios incuestionables. Yo, desde luego, no la recomendaría como producto de obligado visionado pero, tampoco me arrepiento en absoluto de haber visto proyecto de tal ambición.
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Cita:Que el Cielo exista aunque nuestro lugar sea el Infierno. (Jorge Luis Borges)
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