La vida del adinerado Clayton Beresford parece perfecta, pero la realidad es muy distinta: oculta una relación con Samantha, la empleada de su madre, y necesita un trasplante de corazón. Jack, su amigo y cardiólogo, le recomienda vivir a tope y, por eso, se casa con Sam. Tras la boda, el joven encuentra un donante y se pone en manos de Jack, a pesar de las dudas de su madre. Durante la operación, Clay sufre un extraño síndrome por el que no pierde la consciencia, y descubre que quieren matarle.
El guionista y realizador Joby Harold debuta en la dirección con este thriller psicológico inspirado en la "percepción intraoperativa", un fenómeno tan real como aterrador, donde el paciente de una operación siente todo lo que le hacen, pero sin la posibilidad de moverse. Harold reconoce que, tras una experiencia hospitalaria propia, quería hacer una película sobre el dolor, pero al hablar con cirujanos se preguntó qué pasaría si el personaje de una película sufriera ese síndrome y, además, descubriera que los médicos no quieren ayudarle sino matarle. El resultado es una película llena de intriga que, a diferencia de otras propuestas del género, sumerge al espectador en una experiencia interna.
El protagonista es Hayden Christensen, un joven actor que empieza a hacerse un hueco gracias a los últimos episodios de "Star Wars" y a "Jumper". El amor que todo lo puede es, en este caso, el de la bella Jessica Alba, en un papel similar al de la reciente "The Eye (Visiones)". Completan el reparto, Terrence Howard, al que vimos en "August Rush" o "Ray", y Lena Olin (Casanova).
Crítica
La percepción intraoperatoria es una suerte de estado de semiconsciencia que determinados pacientes padecen durante un proceso operatorio a raíz de una deficiente, y muy aleatoria, tolerancia a la anestesia. En cristiano: los médicos piensan que estás dormido porque tu cuerpo está paralizado pero en realidad tu cuerpo se enfrenta a la operación con la sensibilidad intacta. Semejante circunstancia es el motor de arranque, el carburante y Todo lo demás de la ópera prima de Joby Harlod. Un thriller subjetivo y conspiranoico de redacción deficiente, realización en piloto automático y, lo peor, interpretaciones de juzgado de guardia. Harold desperdicia el discreto potencial de un planteamiento más o menos prometedor, un estado de duermevela clínico más o menos probable como sustrato y trasfondo de un thriller potencialmente decente. Lo malo es que no hay más cera que la que arde, que una vez explotado el McGuffin, una vez agotado el efecto sorpresa del mal rollo hospitalario, se procede a la dilatación artificial del metraje con el fin de alcanzar los noventa minutos de rigor con un trilladísimo jaleo argumental sobre lealtades torcidas, ambiciones desmedidas y apariencias que engañan por culpa del sucio dinero.
Rebasado el primer nudo de la trama "Despierto" se desliza irremediablemente por las laderas de la monotonía más prosaica, arrastrando las disfunciones literarias de un guión que vive de la inercia del truco avanzando en tromba hacia la eclosión de un desenlace tan formulaico como predecible. Harold no sabe, no contesta. Se enreda en la madeja de los golpes de efecto y se agarra a un modelo de tensión de librillo de principiante indoloro, incoloro y desabrido. Ahora bien, puestos a adjudicar democráticamente responsabilidades, no está demás poner el grito en el cielo por enésima vez ante la acreditada incompetencia de la monísima Jessica Alba, empeñada película tras película en cargar de razones a los que ven en su inenexpresiva fotogenia a una de las peores actrices en circulación a los dos lados del océano. No le va a la zaga Hayden Christensen, otro que se perdió de mala manera en el camino y promete no volver. Ambos dos, preciosos, eso sí, dan la puntilla a la irregular función, tolerable quizá para consumidores voraces de adrenalinas de diseño y caras bonitas cinematográficas. Los demás a otra cosa.
[fuente]
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Sólo se que no sabiendo nada ya sé bastante. Luego... existo
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