Si Chuecatown es un producto barato, Bajo las estrellas ya es otra cosa, sí señor. Triunfadora este año en el festival de Málaga en sus categorías más importantes, es el debut de Félix Viscarret en largometraje, tras sus inicios como cortometrajista (el primero de ellos premiado con una mención especial en Berlín hace ya casi una década).
Benito Lacunza (Alberto San Juan), un crápula aspirante a músico de jazz, vuelve a Estella, su pueblo natal, por unos días, a causa de la agonía de su padre. Su hermano, Lalo (Julián Villagrán), vive allí dedicado a esculpir esculturas con chatarra y se ha echado novia, Nines (Emma Suárez), vieja amiga de Benito de las juergas de adolescente. Benito se propone impedir que Nines, madre soltera castigada por los avatares de la vida, cace a Lalo. Pero la presencia de Ainara (Violeta Rodríguez), hija de Nines, cambia las cosas, iniciándose entre ambos una particular amistad. Un accidente cambiará la vida de Lalo y Benito, que decidirá tomar las riendas de su vida y la de su hermano para ayudar, con su particular estilo, a las personas que le rodean.
Sensacional película, basada en la novela El trompetista del Utopía (Tusquets, 2003), de Fernando Aramburu, que Viscarret toma como algo propio (es autor del guión), y le da una vida especial. Navarra, y Estella en particular, es el escenario de una película que alterna comedia y drama a un mismo tiempo, que es un reflejo de una sociedad muy particular, con un lenguaje y un argot muy definidos, y que nos ofrece el punto de vista de alguien como Benito. San Juan llena la pantalla, te hace reir con sus salidas de tono, te emociona c on su particular visión del mundo, del amor, de la política, de las relaciones humanas, de la responsabilidad y de la muerte. Ya se habla de San Juan como un firme candidato al Goya al mejor actor principal para el próximo año, y méritos no le faltan. A su lado, el plantel de actores no desentona: una Emma Suárez en un papel que le viene al dedo, un Julián Villagrán que emociona y sorprende por su ingenuidad y candor, y una Violeta Rodríguez, con una complicidad y una química tan especial con San Juan que sorprende.
Para el escenario, Viscarret nos lleva a una Estella muy particular, a una Navarra casi atemporal, a unos habitantes peculiares pero muy reconocibles en la sociedad de hoy día. La música de Mikel Salas pone un toque casi de far-west en unos escenarios que van de lo rural a lo trapero, a lo sucio, a lo industrial.
Recomendabilísima esta muestra de por qué tenemos buen cine español en general.




























