El otro día me acerque a ver Cartas desde Iwo jima, del cada vez más acertado Clint Eastwood. Es una película que se basta y se sobre por si sola, pero ya que el director nos la ha presentado acompañada de Banderas de nuestros padres, las comentaré juntas.
Aún estando situadas ambas en el mismo contexto histórico son películas diametralmente opuestas. La primera, mucho más hollywodiense, es una gran puesta en escena de la batalla en sí, con planos que si no desbancan, igualan a esa primera media hora de Salvar al soldado Brian. Detrás, una bonita historia que Eastwod aprovecha para denunciar el absurdo de las guerras, pero que sin la magnifica ambientación de Iwo jima, se queda en la mitad de la mitad. Cine bélico americano100%.
Cartas desde Iwo Jima es una peli lenta, envolvente e intimista que se aleja totalmente del cine bélico al que estamos acostumbrados. Las escenas de batalla apenas aparecen, siendo además fragmentos de la otra las pocas que hay. La certeza de la muerte se extiende por los asfixiantes túneles y solo a través del recuerdo se araña alguna sonrisa. El honor nipón, tan difícil de entender para nosotros, hace aún más duro el viaje.
Y bueno, no me enrollo más, solo dos cosillas. Una, la multitud de opuestos que existen entre las dos pelis, haciendo mucho más interesante el proyecto conjunto, como por ejemplo los continuos flashbacks de ambas, en una la acción real se encuentra en la isla y continuamente se vuelve a sus vidas anteriores, mientras que en la otra el presente lo sitúa en la vuelta a la patria, siendo la guerra la que continuamente aflora.
Y dos, la inevitable referencia a El cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell. ¿habrá tenido algo que ver en todo esto?

























